martes, 15 de abril de 2008

Agujeros

Yo creo que todo el mundo está agujereado, que esto no es más que un queso gigante que los ratones no se comen porque no hay ratones tan grandes, y nada más. En mi casa, por ejemplo, hay un pequeño agujero justo debajo del caño de desagüe de la pileta de la cocina, y otro un poco más grande (casi tan ancho como mi dedo chiquito del pie, lo comprobé yo mismo) en mi pieza, al lado de donde pongo la caja con los juguetes; con la foca de peluche, el tigre con rueditas en las patas y la mantis hecha de alcaucil; y son iguales, ambos redondos y negros y todo agujeros.

El domingo pasado le mostré a Claudia este último agujero después de hacer el amor y desenredarme las sábanas de las piernas y le conté mi teoría mientras me sacaba algunos de sus cabellos de la boca, pero no me prestó atención. El diálogo la mayoría de las veces es un par de personas hablando cada una de un tema que considera interesante y la otra no, una pelea de fuerza bruta por hablar con otro de lo que a uno le incumbe. Y esa mañana era exactamente así; yo hablando sobre los agujeros y sus pormenores y ella exponiendo un tratado minucioso sobre la manera de descascararse el esmalte de uñas con el correr de las horas. Luego de las primeras escaramuzas, acepté su tema de conversación para que se fuera lo más rápido posible (y sin embargo no hay esmalte que aguante en los dedos del pie por más de 8 horas, y el de color morado dura mucho menos aún por causas que nadie llega a comprender del todo todavía). Y al fin se fue, recogiendo su tapado de piel a la apurada y (creo yo) luego de darse cuenta de mi apuro por que se fuera.

Si bien me es imposible saberlo a ciencia cierta, pienso que todos los agujeros están interconectados de alguna manera misteriosa y azarosa. Algunos seguramente son el comienzo de un larguísimo serpentear de vacío que surca la materia hasta llegar al Centro, un hueco no necesariamente equidistante de los millones de bocas, nexo entre los túneles, como una central telefónica de la nada. Si bien me gusta esta idea, sé que es mucho más probable que existan muchos centros, y que algunos túneles, los más importantes, van directamente de agujero a agujero. Quizás el agujero de mi pieza es el origen de un túnel que tiene una salida en Medellín (o Barranquilla, o Bogotá), y por eso hace tanto calor en esa pieza mientras que el resto de la casa es bastante más fría. Medellín, en la intimidad de mis pensamientos yo sé que es Medellín.

El jueves a la tarde, después de la siesta, me levanté de la cama y pegué mi cara a la pared fría para oler dentro del agujero de mi habitación, y adiviné un olor a café y a humo de ciudad, aunque me incliné por pensar que era el humo de unos cigarros bailando en un bar al ritmo de conversaciones espontáneas. Intenté escuchar lo que se hablaba del otro lado haciendo coincidir el vacío de mi oreja con el del agujero, pero no encontré más que un repiqueteo bastante espaciado en el tiempo, quizás un mensaje de alguien que del otro lado buscaba comunicarse. Preferí guardar prudencia y no contestar; simplemente me tomé el trabajo de anotar el patrón de golpe-silencio-golpe-golpe y compararlo luego con la clave Morse para ver si tenía sentido. Del análisis de dos horas de secuencia, surgió una cadena de letras aparentemente aleatorias, EWDDCTTCAFETTR, café, irremediablemente café, obviamente café. Estoy seguro de que es Medellín, aunque sé que a Claudia no le va a interesar, y se va a poner a hablar de canastas ni bien empiece a contarle. O de colores de alfombra (y ya tengo ensayada la respuesta: el marrón me parece adecuado, no, ése no, ése, el más claro).

La cuestión es que ayer me decidí a terminar con mi actitud tan testaruda y silenciosa y a finalmente dar señales de que hay alguien de este lado. En un primer momento pensé emitir yo también un mensaje en clave, por ejemplo WDCTANGODDM, o imitar un ladrido de perro, pero al final me decidí a vertir en el agujero unos pocos mililitros de líquido para estudiar la reacción del receptor en el otro extremo y continuar a partir de eso. Por supuesto que no podía ser cualquier líquido, así que en una tapita de Coca-Cola preparé una mezcla de jugo de uva, pelo de carpincho molido y canela; la revolví con la parte de atrás de un fósforo usado y la vacié en la boca del agujero, que la tomó sedienta como pocas.

Esperé muchas horas infructuosamente, mirando, escuchando, oliendo, pero solamente se veía el negro, se escuchaba el negro, se olía el café, el humo, la canela y la uva. Sentí el tiempo estirarse y me quedé dormido, y no recuerdo bien qué soñé (algo de unos elefantes, un chico con una amapola amarilla en la palma de la mano, y yo tenía zapatos de colores distintos).

Hoy a la mañana, luego de lograr despegar mis párpados, descubrí una finísima oruga asomándose muy tímidamente de entre las garras del pequeño abismo, y me quedé un rato mirando la pared, rascándome la nuca y pensando, intentando comprender qué me quiso decir mi compañero del otro lado. Probablemente el diálogo a través de los agujeros se parece bastante al oral, y a fin de cuentas estamos más solos de lo que pensamos, y podemos conversar tanto como la foca de peluche y la mantis de alcaucil una tarde fría de primavera.

10 comentarios:

Luciano dijo...

Cuento perdedor de un concurso; bastante importante por cierto.

Enjoy :)

Nadia dijo...

Me atrapó hasta al final, y eso diferencia un buen cuento de uno malo. Pensaba en esto de la incapacidad de comunicarnos en diálogos coherentes. Cuánta verdad, no? No estamos acostumbrados a escucharnos; nos gusta ser los protagonistas, quienes cuentan los monólogos mientras todos quedan expectantes, mirándonos.

Muy buen cuento!

Saludos!

Blanca dijo...

Ganar concursos es una buena forma de alimentar el ego pero nada más. Perderlo no quiere decir que no sea bueno, a mi me gustó mucho el cuento.

Luciano dijo...

nadia: Qué bueno que te haya atrapado. Gracias por leerme :)

blanca: La verdad que mi ego me pedía un resultado como esos para tener más pilas para escribir... Pero evidentemente todavía tengo mucho para mejorar. No haber ganado también es un impulso :)

Un saludo a todos!

E1000luz dijo...

A mi me encantó.Muy bueno...
SAludos

Ivanius dijo...

Me gustó mucho... me quedo con la imagen del agujero como un larguísimo serpentear de vacío. ¡Bravo!

Luciano dijo...

e1000luz: Muchas gracias :)

ivanius: Muchas gracias a vos tambien :)

Anónimo dijo...

buena historia. una mirada sobre los agujeros menos científica q la de Stephen Hawking, pero no menos interesante. cuánto de niños hay en nuestras ocurrencias y qué tintes le imprimen a la vida. algo que me encantó: exponer la teoría de lo agujeros después de hacer el amor. me hizo acordar al estilo de mempo giardinelli. muy bueno.
la frase con que me quedo: estamos mas solos de lo que pensamos.


viernes dos de mayo a las 22 hs comienza la BITACORA DE UN SUICIDA, por www.mirandoalamaga.blogspot.com

Luciano dijo...

Mr. Anónimo: Gracias por su comentario; pasaré por su blog para ver de qué se trata.

Lumberlog dijo...

Lei tu cuento. La verdad que me gustó. Lo tenia pendiente hace rato y hoy se me dio por leerlo.
Me gustan ese tipo de teorías locas. Yo le hubiera puesto alguna musica por el agujero, creo que hubiera sido más efectivo para comunicarse. A perdón, me compenetré demasiado. Era sólo un cuento, no tengo que buscar la mejor forma de comunicarse, jeje. Elcuento es como es.
Bueno, eso fue justamente lo me gustó. Que en algún momento me compenetré tanto que me creí la teoría esa y quería ayudar al protagonista a comunicarse, jaja.
Seguí posteando más cuentos, que están buenos. Saldos!