miércoles, 4 de agosto de 2010

Atardeceres


10 de Febrero

Lo estuve pensando varios días y no da para más: me harté de la ciudad. Entre el ruido del tránsito, los accidentes, la falta de lugar y las interrupciones, no puedo trabajar. Siempre me llama alguien por teléfono, o se lastima el nene de abajo y grita como un descosido, o me cortan el agua y no puedo bañarme. Por la calle la gente me choca a cada rato. Me salió un sarpullido en todo el brazo que me pica constantemente y no paro de rascarme. Ya varias veces me dieron ganas de irme pero al mismo tiempo que lo consideraba, la tensión aflojaba un poco y me terminé quedando más de lo debido. También me decidí a empezar a escribir este diario con la plena confianza de que la tranquilidad se va a poder evidenciar en mis palabras escritas. Seguro me va a dar gracia volver a leer esto en un tiempito, ya calmo y trabajando en lo que más me gusta. Me voy a dormir muy contento con mi decisión.

11 de febrero

Llamé a mi hermana mayor para pedirle las llaves de la casa del campo. Contrariamente a lo que pensaba, no me hizo ningún escándalo; solamente le pareció medio raro que me vaya a vivir tan lejos, aislado de la ciudad. A la tarde pasé por su casa. No hablamos mucho más, me dio las llaves y unas tortas fritas para que comiera en el viaje. Me dijo que seguramente me darían ganas de volver luego de relajarme un poco. La verdad es que quizás tenga razón, pero ahora todo lo que me importa es irme, aflojar las tensiones, pintar.

12 de febrero

El viaje fue largo pero ya en el tren sentí que la calma y el sentimiento de aventura empezaban a apoderarse de mí. Me siento joven, listo para salir corriendo. Me traje solamente la ropa, un caballete, los óleos, unos pocos lienzos y el talco para pies, que me hace mucha falta. En la estación nadie me reconoció (por suerte). Le pedí a un paisano que andaba en sulky que me alcance, y le tiré unos pesos de propina. La casa está más o menos como la recordaba de la niñez. Quizás un poco más sucia y con el pasto crecido (el casero solamente viene una vez cada dos meses a cortarlo y limpiar un poco). Me tomé un té que encontré en la alacena de la cocina y ahora me voy a dormir.

13 de Febrero

Es increíble cómo se duerme en el campo. El silencio que hay por la noche es total. A la mañana me desperté con el cantar de los gallos y los pajaritos y fue muy natural. Como si dormir significara esto y no lo otro que hacía en mi departamento.

Hoy fui a buscar víveres al pueblo. Carne, arroz, algunas verduras que no crecen en el huerto, querosene para la heladera, velas. Volví a casa, dejé todo y me fui a pasear por el campo. Es increíble lo hermoso que es. Lleno de pastizales altos, girasoles, plantaciones de maíz y otros cultivos. Todo amarillo. Volví cansado pero lleno de ganas de ponerme a trabajar. Decidí que voy a pintar en el campo, al rayo de sol. No me va a venir mal para sacarme el color blanco que tengo.

Me encanta esto de escribir a la luz de la vela. Ya tengo mejor el brazo.

14 de Febrero

Hoy fue mi primer día de trabajo en el campo. Planté el caballete en la tierra, en medio del cultivo. Lo aseguré con unas piedras y tierra amontonada para que no se mueva mucho al pintar. Estuve unas dos horas bocetando antes de pasar a los óleos. Me enfoqué principalmente en la plantación de girasoles que hay alrededor de la casa. El sol se iba poniendo hacia el centro de la escena, así que también lo incorporé. La casa se robó un pedacito de lienzo sobre la izquierda. Después de delinear la idea original, empecé a colorear. Todavía no hacía mucho de eso cuando escuché a unos cuervos pasando por arriba de donde estaba apostado. Un cuervo se desprendió de la bandada y se paró sobre el caballete. Se quedó mirándome fijo unos segundos (vaya uno a saber qué pensaba el bicho). Estábamos tan cerca que me pude ver reflejado en sus ojos negros. Al rato pegó un grito y salió volando a unirse de vuelta con el resto. Menos mal que no llegó a estropearme nada.

Pintando ahí me siento un poco planta. Cuando sopla el viento y estoy muy entretenido con el pincel en la mano siento que me inclino un poquito, casi como un junco o una espiga de trigo.

La pintura me va quedando bien, pero todavía le falta un poco. Mañana seguramente decida si la sigo o empiezo otra cosa.

Recién comí un guiso con sobras de cosas de los días anteriores. En un rato apago la vela y me duermo. Voy a dormir muy bien luego del trabajo de hoy. Se siente el cansancio.

15 de febrero

Hoy me desperté muy tarde; por cómo entraba la luz del sol por la ventana calculo que ya era mediodía. Me sentía medio raro; cuando intenté incorporarme me dí cuenta de que tenía fiebre. Evidentemente me hizo mal tanto sol de golpe. Estuve bastante descuidado con eso. Tengo mucha sed. Ya me tomé más de la mitad del agua que había juntado del pozo ayer. Cuando baje el sol voy a ir a buscar un poco más para tener para la noche. No tengo hambre. No doy más del dolor de cabeza.

Ahora me acabo de despertar de una siesta y no sé qué hora es. Todavía tengo mucha fiebre. Cuando cierro los ojos, veo figuras borrosas de colores sobre el fondo negro. A veces se me hace que es una enfermera, o un topo. No pienso ir a buscar agua. Voy a esperar hasta mañana a ver cómo me siento. Me tomé lo que me quedaba de agua en la botella.


18 de febrero

Puse 18 por poner un número, pero no estoy seguro de qué día es. Con el asunto de la fiebre perdí un poco la noción del tiempo y acá no tengo ni radio ni nada para fijarme. Poco importa, la verdad. Fui varias veces a buscar agua al pozo y en seguida me metí de vuelta en la cama. Me hice una sopa y terminé el pan que había comprado en el pueblo; casi no tuve apetito. Por suerte ya me siento mejor. Seguramente mañana después de ir a comprar algo más de comida me ponga a trabajar de nuevo. No escribo más porque tengo miedo de que me vuelva el dolor de cabeza.

19 de febrero

De vuelta la incertidumbre por la fecha, pero dejémoslo ahí, que hay otras cosas mejores que contar (¿a quién? ¿a mí mismo en el futuro?). Hoy volví a pintar. Al mediodía sentí el sol como un dolor persistente en la parte de arriba de la cabeza. Puede sonar medio raro, pero lo aguanté porque sentí al mismo tiempo que el dolor una calma grandísima; como si recibiera la energía solar y la guardara adentro mío. Quizás sean delirios de la fiebre. El cuadro lo tengo muy avanzado. Menos mal que traje varios pomos de amarillo, rojo, verde, marrón. Formé unos ocres hermosos para el campo y apenitas si usé el gris para las paredes de la casa (como lo usaba mucho en la ciudad me traje varios pomos de gris también, pero ahora me parece que me van a sobrar). Me pareció un poco solitaria la imagen, así que me agregué a mí mismo a la derecha de la escena, como tirando semillas por el campo. Creo que dentro de todo quedó armoniosa la adición.

A la tarde pasaron los cuervos de vuelta y creí reconocer al que me visitó el primer día, pero ninguno bajó. Tengo el brazo curado casi del todo.

20 de febrero

Hoy me pasó algo rarísimo mientras pintaba: me sentí mareado de un momento a otro y me desmayé. Es la primera vez que me pasa en la vida. Mientras estaba inconsciente, me parece que soñé con la enfermera y el topo. Cuando me desperté, ya era de nochecita. Junté todo contento de que no se hubiera largado a llover, porque sino se me hubiera arruinado el trabajo de varios días. Me vine a casa y me acosté directamente sin comer (solamente tomé bastante agua. Cada vez tengo más sed). Estuve pensando mucho en el sueño, en si tendrá algún significado. Ya casi no me queda vela y no voy a prender otra. A dormir.

21 de febrero

O el día que sea. Hoy tomé el desmayo con naturalidad. Empezó antes del mediodía. Lo sentí llegar como la primera vez; como un mareo, una borrachera súbita. Como una vibración del paladar. Duró mucho más que la otra vez. No soñé, o no me acuerdo qué soñé. Cuando me desperté, estaba abrazado a unas plantas, y me picaban muchísimo los pies. Debe ser que no estuve usando el talco. También tenía unos botones de la camisa colgando. Me imaginé que el cuervo del otro día volvió a bajar y le llamaron la atención, brillando al sol. Ni ganas de coserlos. Tuve que volver a la casa en penumbras, me costó bastante ubicarme.

27 de febrero

Vuelvo a casa luego de varios días (imagino que unos 5 o 6; imposible saber a ciencia cierta). Me desmayé pintando y me desperté varias veces, pero me era imposible incorporarme. Traté de calcular la hora a partir de la posición del sol. Me extrañó que la segunda vez que me desperté fuera más temprano que la primera (lo atribuí a un error de mi mente delirante). Lo flaco de mi abdomen me indicó que en realidad había pasado más de un día. No tuve hambre ni sed. El cuadro está muy avanzado, me quedan pocas cosas para terminar. Me pregunto si lo terminaré antes de volver a desmayarme; también si van a durar más a partir de ahora los desmayos. Reconozco que es un poco raro, pero no me importa volver a la inconsciencia o al sueño de la enfermera y el topo. Me gustaría terminar el cuadro y seguir descansando, ya sea en esta cama o tirado entre las plantas, sintiendo a lo lejos los gritos de los cuervos que pasan todas las tardes a la misma hora y seguramente me miran curiosos desde lo alto.

5 comentarios:

Luciano dijo...

Un poco largo para el blog, pero no me importó :)

Hernán dijo...

No se sintió largo... (that's what she said)

Me gustó, me recordó a una mezcla entre Anaconda de Quiroga y la película Lugares Comunes :)

Luciano dijo...

No conozco ninguna de las dos obras, voy a chequearlas. Es bueno que no se haya sentido largo :)

Germán Morette dijo...

Me gustó Lucho, sos un chabon re Borges. Me gusta que se vuelva loco por estar en el campo, es un buen revés. Tiene también como una cosa de abducción extraterrestre. y como otra cosa de destino inevitable. Muy bueno.

estela dijo...

Yo creo que más que de Borges, hay mucho de Cortázar. Eso de volverse parte del paisaje. También me recordó al Bioy Casares de La invención... Me gustó.