
El cajón de la mesita de luz está cerrado hace mucho tiempo ya. 15 años esperando para descubrir el secreto que yo mismo dejé ahí dentro. Y hoy es el día elegido. Hoy debo abrirlo.
Respiro hondo. Es un punto de inflexión en mi vida, justo a punto de ocurrir. Siento en mi pecho el peso del momento.
Tiro de la pequeña manija de metal oxidado y se desprende de la madera, quedando en mi mano. Evidentemente no voy a poder abrirlo de esa manera.
Bajo hasta la cocina, tomo un cuchillo del montón y vuelvo a mi habitación. Inserto el cuchillo en la pequeña hendija entre el cajón y el mueble, y con un poco de esfuerzo, logro abrirlo.
Una mezcla de olores colma el aire de la habitación. Miro adentro del cajón y juego a olvidarme de lo que hay dentro, pero todo está allí. Un trebol de 3 hojas, un dado de corcho, un señalador de madera y un Caballo de ajedrez.
Sonrío al redescubrir la simbología de mi mente de adolescente. Abro un cajón igual, pero en mi memoria, para darle significado al montón de objetos.
El trébol simboliza lo cotidiano; que por que busquemos el de 4 hojas, seguiremos viendo a los de 3 hasta el hartazgo.
El dado simboliza el azar, vano, efímero, impredecible por definición, fugaz.
El señalador simboliza un punto en nuestras vidas. Aquél punto, éste punto, hoy.
El Caballo simboliza el salto, el camino marcado, y al mismo tiempo la picardía, el coraje y también la inteligencia y el cálculo.
Me siento en el borde de mi cama y dejo que el mar de recuerdos que me invade me lleve de aquí para allá. Imágenes de toda mi vida pasan por mi mente, gente que está y que no está más, lugares, caminos, paisajes, conversaciones, miradas. Amantes. Aromas. Colores. Dulces melodías.
Cierro uno de los cajones, teniendo cuidado de poner todo de nuevo en su lugar. Todo lo que está allí dentro permanecerá allí, porque así lo he decidido, para siempre. A la espera de que alguien más, que no seré yo, se interese por descubrir su interior y darle significado.
Luego cierro también el cajón de madera, prometiéndome arreglar la manijita al día siguiente, y poniendo los objetos que antes estaban dentro sobre el mueble, para que guíen mis despertares.
Abro la puerta de mi habitación. Afuera, el ruidoso, el cotidiano, el azaroso, el cambiante mundo, espera.